Mysore

                                      Foto: José Luis Corona

Un niño que sonríe:

una esperanza

- ojos brillantes de vida -.

Sonrisas anchas y frescas

esponjosas caritas.

Si el amanecer me alcanza triste

volveré a mirarte.

Pinar y mar

           

                                                                                                        

                                                                                                                  

Bajo el pino

divino

sobre la hierba fresca.

Junto al arroyo.

Sobre la arena

-terciopelo dorado-.

Bajo la espuma:

peces y algas;

Llena de mar.

Junto a ti

a miles de kilómetros.

Tu volarás

 

Tu volarás

te irás lejos:

vacío y miedo.

Cuando se es árbol

-aunque palmera-

se contempla el horizonte.

No más allá

(al otro lado)

estás.

No se de ti

no puedo andar

ir hacia ti.

Mis raíces están aquí

tierra que me alimenta

tierra que me retiene

tierra que no me deja huir.

 

Desde el retrovisor

 

Un remanso de paz.

Transitar.

Coches que van y vienen a ninguna parte.

Concierto…. para viola de gamba:

mis oídos se inundan

sonidos que me calman.

Dos mundos:

el uno en el retrovisor

del coche detenido;

el otro

música en mi estómago

en mi cabeza

en mis brazos

en mis pies

en mi alma.

Dos mundos:

uno detenido

otro se me escapa.

Duende de la noche

 

Duende de la noche

¿dónde te escondes?

- encendí una vela

pronuncié tu nombre.

Arreolí

arreolá

lágrimas en tus ojos

¿quien las secará?

-nana que le canta

la do re mi fa.

Pétalos azules

sol de soledad.

Arreolí

arreolá

se lavó la cara

en el manantial:

mira que te he dicho

que estaría helá

vienes tiritando

verde despertar

- celebrando el día

al alborear.

Recuperar mis alas

Gaviota sobre mi cabeza

mar inmenso

la noche se acerca.

Un barco que arde

dejando una estela

de aromas.

Olas, olas, olas

en mis oídos.

Palmeras altas

bicicletas y patines

trasiego.

Montañas azules

tras el parpadeo

de un pájaro de acero.

Cesped, flores, tumbonas

y sombrillas de paja.

Gotas de agua en mi pecho

mis brazos abiertos

respirando el fresco.

Viajar al paraíso:

recuperar mis alas.

Silencio

@mtrcorona
En el parque

En la penumbra

oigo tu voz:

cadencia extraña.

Sinfonía del viento

en mis caderas.

Sambas, sones y ron

libre tu pelo

sobre los hombros.

Rumores, voces, gritos y

de repente

el silencio.

Foto: “En el parque”. Tomada en el Parque de Los Pinos con el móvil.

Patatas marineras

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Hoy he estado cocinando, algo no muy habitual en mi. Cosa fácil esta vez. Mientras cortaba las patatas a cuadraditos para añadirlas a un refrito de ajos, cebolla y pimiento, escuchaba atentamente Gavotte en Rondeau, en esta ocasión de manos del gran Gil Shaham, y mi relajado espíritu volaba junto a una imaginación desmedida, hacia hermosos paraísos verdesolados.



Una vez añadidas las patatas, un poco de agua, y color para alegría de la vista, y a esperar que se pusieran tiernas. Un toque de sal y, como no podía ser de otro modo estando en Semana Santa, unos taquitos de bacalao fresco completaban el guiso. Luego un toque de laurel, esa hoja olorosa y cargada de matices que me trae tan buenos recuerdos de hermosos momentos vividos en la naturaleza.

Una vez tiernas las patatas, le he puesto unos ricos mejillones previamente cocidos, así como guisantes frescos igualmente cocidos. Un rato hirviendo y, ¡voilâ!, ¡a comer!