Sentada en las rocas
mirando hacia el cielo
contemplo tu copa
verde de hojas
azul intenso.
¡Feliz Navidad!
Imagen
Mysore
Foto: José Luis Corona
Un niño que sonríe:
una esperanza
- ojos brillantes de vida -.
Sonrisas anchas y frescas
esponjosas caritas.
Si el amanecer me alcanza triste
volveré a mirarte.
Pinar y mar
Tu volarás
Desde el retrovisor

Un remanso de paz.
Transitar.
Coches que van y vienen a ninguna parte.
Concierto…. para viola de gamba:
mis oídos se inundan
sonidos que me calman.
Dos mundos:
el uno en el retrovisor
del coche detenido;
el otro
música en mi estómago
en mi cabeza
en mis brazos
en mis pies
en mi alma.
Dos mundos:
uno detenido
otro se me escapa.
Duende de la noche

Duende de la noche
¿dónde te escondes?
- encendí una vela
pronuncié tu nombre.
Arreolí
arreolá
lágrimas en tus ojos
¿quien las secará?
-nana que le canta
la do re mi fa.
Pétalos azules
sol de soledad.
Arreolí
arreolá
se lavó la cara
en el manantial:
mira que te he dicho
que estaría helá
vienes tiritando
verde despertar
- celebrando el día
al alborear.
Recuperar mis alas

Gaviota sobre mi cabeza
mar inmenso
la noche se acerca.
Un barco que arde
dejando una estela
de aromas.
Olas, olas, olas
en mis oídos.
Palmeras altas
bicicletas y patines
trasiego.
Montañas azules
tras el parpadeo
de un pájaro de acero.
Cesped, flores, tumbonas
y sombrillas de paja.
Gotas de agua en mi pecho
mis brazos abiertos
respirando el fresco.
Viajar al paraíso:
recuperar mis alas.
Silencio
En el parque
En la penumbra
oigo tu voz:
cadencia extraña.
Sinfonía del viento
en mis caderas.
Sambas, sones y ron
libre tu pelo
sobre los hombros.
Rumores, voces, gritos y
de repente
el silencio.
Foto: “En el parque”. Tomada en el Parque de Los Pinos con el móvil.
Patatas marineras

Hoy he estado cocinando, algo no muy habitual en mi. Cosa fácil esta vez. Mientras cortaba las patatas a cuadraditos para añadirlas a un refrito de ajos, cebolla y pimiento, escuchaba atentamente Gavotte en Rondeau, en esta ocasión de manos del gran Gil Shaham, y mi relajado espíritu volaba junto a una imaginación desmedida, hacia hermosos paraísos verdesolados.
Una vez añadidas las patatas, un poco de agua, y color para alegría de la vista, y a esperar que se pusieran tiernas. Un toque de sal y, como no podía ser de otro modo estando en Semana Santa, unos taquitos de bacalao fresco completaban el guiso. Luego un toque de laurel, esa hoja olorosa y cargada de matices que me trae tan buenos recuerdos de hermosos momentos vividos en la naturaleza.
Una vez tiernas las patatas, le he puesto unos ricos mejillones previamente cocidos, así como guisantes frescos igualmente cocidos. Un rato hirviendo y, ¡voilâ!, ¡a comer!




