A Anita Sala. Y a todos mis mayores.

Están ahí, arañándole a la vida el nuevo día que les regala… igual que a todos nosotros, sólo que ellos si que piensan en la muerte, la ven más cerca. Son los mayores. Nuestros mayores. Esas personas que tienen tanto que decir, tanto que contar, que compartir, que enseñar…

Asisten al homenaje que se le brinda a cada uno de sus allegados que se van marchando, con serenidad, aplomo, incluso cierto aire de rutina. A veces pienso: ¿qué se les pasará por la cabeza en esos momentos?

He perdido varios seres querido, supongo que como todo el mundo, y qué doloroso es. Ya sé que no tiene vuelta atrás, y aún así, me resisto a aceptarlo. Y es que a menudo me apetece tenerlos a mi lado. Pero esto es lo que hay. Quedará su recuerdo, las cosas bonitas y el cariño que he recibido de ellos. Por eso, cada vez que se va uno de mis mayores, siento que muero un poco, que mi mundo se hace más pequeño. Y sólo me compensa las nuevas vidas que van surgiendo, las nuevas amistades, y el cariño de los míos.

Anita, te envío un beso. Me quedaré con tu sonrisa para guardarla en el baúl mágico de mis sueños.

19/11/09

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