Enjaulada

 

 

Me sentía enjaulada. Era un gato herido con pinta de tigresa, que ahogaba sus sentimientos, sus deseos, sus ganas.

Quedamos una tarde y te pedí dar un paseo, tras tomar una copa. Necesitaba ver el río, respirar la calle, mirar al cielo. No entendías mis razones.

Más tarde, desgraciadamente, comprendiste.

Este es un microrrelato publicado en Club Seis.

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