Desde el retrovisor

Un remanso de paz.

Transitar.

Coches que van y vienen a ninguna parte.

Concierto…. para viola de gamba:

mis oídos se inundan

sonidos que me calman.

Dos mundos:

el uno en el retrovisor

del coche detenido;

el otro

música en mi estómago

en mi cabeza

en mis brazos

en mis pies

en mi alma.

Dos mundos:

uno detenido

otro se me escapa.

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Duende de la noche

Duende de la noche

¿dónde te escondes?

– encendí una vela

pronuncié tu nombre.

Arreolí

arreolá

lágrimas en tus ojos

¿quien las secará?

-nana que le canta

la do re mi fa.

Pétalos azules

sol de soledad.

Arreolí

arreolá

se lavó la cara

en el manantial:

mira que te he dicho

que estaría helá

vienes tiritando

verde despertar

– celebrando el día

al alborear.

Recuperar mis alas

Gaviota sobre mi cabeza

mar inmenso

la noche se acerca.

Un barco que arde

dejando una estela

de aromas.

Olas, olas, olas

en mis oídos.

Palmeras altas

bicicletas y patines

trasiego.

Montañas azules

tras el parpadeo

de un pájaro de acero.

Cesped, flores, tumbonas

y sombrillas de paja.

Gotas de agua en mi pecho

mis brazos abiertos

respirando el fresco.

Viajar al paraíso:

recuperar mis alas.

Silencio

@mtrcorona
En el parque

En la penumbra

oigo tu voz:

cadencia extraña.

Sinfonía del viento

en mis caderas.

Sambas, sones y ron

libre tu pelo

sobre los hombros.

Rumores, voces, gritos y

de repente

el silencio.

Foto: “En el parque”. Tomada en el Parque de Los Pinos con el móvil.

Patatas marineras

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Hoy he estado cocinando, algo no muy habitual en mi. Cosa fácil esta vez. Mientras cortaba las patatas a cuadraditos para añadirlas a un refrito de ajos, cebolla y pimiento, escuchaba atentamente Gavotte en Rondeau, en esta ocasión de manos del gran Gil Shaham, y mi relajado espíritu volaba junto a una imaginación desmedida, hacia hermosos paraísos verdesolados.



Una vez añadidas las patatas, un poco de agua, y color para alegría de la vista, y a esperar que se pusieran tiernas. Un toque de sal y, como no podía ser de otro modo estando en Semana Santa, unos taquitos de bacalao fresco completaban el guiso. Luego un toque de laurel, esa hoja olorosa y cargada de matices que me trae tan buenos recuerdos de hermosos momentos vividos en la naturaleza.

Una vez tiernas las patatas, le he puesto unos ricos mejillones previamente cocidos, así como guisantes frescos igualmente cocidos. Un rato hirviendo y, ¡voilâ!, ¡a comer!

Anochece

 

Destellos luminosos

plata, verdes, rojos, oro:

la tarde va muriendo.

Fresca brisa que agita las ramas

cielo grisáceo hasta volverse negro.

Calma.

Tras los cristales

música en mis oídos

corazón sereno.

Por vivir

 

 

Deshojando sueños.

Insistir

no sirve de nada.

Si, tengo miedo

ese miedo de quien lo tiene todo

lo siente todo.

No se trata

de vivir rápido

sino intenso.

¡Quien sabe dónde estaré mañana!

En mi recuerdo

 

A esta altura del día

cansada

aunque inmensamente satisfecha

cierro los ojos

por un momento

y me asalta tu recuerdo.

Esa sonrisa limpia y fresca

los ojos vivos y sinceros

tu cuerpo

entregado a mis caricias.

Llegan las lágrimas.

No

no voy a ponerme triste

te viví

¡qué más puedo desear!

Hermosa aventura que la vida me arrebató.

Enjaulada

 

 

Me sentía enjaulada. Era un gato herido con pinta de tigresa, que ahogaba sus sentimientos, sus deseos, sus ganas.

Quedamos una tarde y te pedí dar un paseo, tras tomar una copa. Necesitaba ver el río, respirar la calle, mirar al cielo. No entendías mis razones.

Más tarde, desgraciadamente, comprendiste.

Este es un microrrelato publicado en Club Seis.